Escultura de acrílico intervenida con cera sobre base de madera
28 × 30 cm
La forma reconocible de la mosca comienza a desaparecer bajo capas de cera que se derriten, caen y se acumulan. La obra captura un cuerpo en transición, suspendido entre su permanencia y su disolución. Aquello que parecía sólido pierde sus límites y se transforma en una nueva materia: frágil, orgánica y cambiante.